Para salir a explorar basta con detenerse, mirar y hacerse preguntas. Hoy, además,
llevamos en el bolsillo herramientas que permiten reconocer
especies, registrar observaciones, escuchar aves y compartir
nuestros encuentros con otras personas.
Las aplicaciones de identificación y las plataformas de ciencia
ciudadana han transformado la manera en que nos relacionamos con
el mundo vivo. Una fotografía puede convertirse en una observación;
una observación, en un dato; y miles de datos reunidos pueden ayudar
a comprender cómo cambia la biodiversidad.
Pero identificar no es lo mismo que conocer. Estas herramientas
pueden ayudarnos a poner nombre a aquello que encontramos, pero
aprender a observar implica también prestar atención al lugar,
a la estación, a las relaciones entre organismos y a los saberes
de quienes habitan un territorio.
¿Puede una aplicación enseñarnos a mirar?
Las tecnologías de reconocimiento de especies abren posibilidades
que hace unos años no eran posibles. Una persona que nunca ha
estudiado botánica puede descubrir el nombre de una planta que
crece en la acera; alguien que empieza a escuchar aves puede
reconocer un canto que antes pasaba inadvertido.
Pero conviene recordar que una identificación automática es una
sugerencia, no una verdad definitiva. Las sugerencias de
las aplicaciones se obtienen mediante IA, los modelos se entrenan
con conjuntos de datos determinados y funcionan mejor para unas
especies, regiones y condiciones que para otras.
También importa preguntarnos qué ocurre con los datos que
producimos. Una fotografía puede contener una localización
precisa, una fecha y mucha más información de la que vemos a
simple vista. Compartir una observación puede ser una forma
valiosa de participar en la ciencia, pero hacerlo de manera
consciente también forma parte de una ética de la observación.
Quizá el reto de las herramientas digitales no sea conseguir que
dependamos cada vez más de ellas, sino utilizarlas para volver al
mundo con una mirada más atenta, curiosa y situada.
Podemos empezar nuestra práctica naturalista con la ayuda de ellas,
pero, a medida que vayamos reconociendo y poniendo nombre a lo que
nos rodea, volver al papel, a las guías, al dibujo y a las
anotaciones crea un vínculo diferente y una mayor libertad, al no
depender constantemente de nuestros teléfonos.