Herbario Vivo

Herbario Vivo es una iniciativa que busca visibilizar las voces y memorias del mundo vegetal, abriendo caminos hacia éticas de cuidado y coexistencia multiespecie.

Hacia una decolonización de la botánica

Justicia botánica Giro vegetal y relaciones multiespecie Arte como práctica decolonial
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1. Justicia botánica

Zico Albaiqunil
Zico Albaiquni. 2019.

La botánica moderna no puede entenderse como una ciencia neutral; la ciencia no es independiente de la cultura ni del contexto histórico. La ciencia colonial moldeó metodologías y preguntas, resultando en la naturalización y biologización de las diferencias sociales de género, raza, clase y sexualidad que siguen presentes en la actualidad 1.

Por ello, la decolonización puede entenderse como un movimiento y una ideología orientados a examinar, cuestionar y eliminar la herencia del pensamiento blanco europeo, descentrando la supremacía blanca para amplificar y restituir aquellas voces y diversidades que han sido silenciadas o excluidas a lo largo de la historia 2.

Bajo este enfoque, decolonizar la botánica se presenta como un compromiso ético y político necesario para superar la «amnesia botánica», recordar las violencias del colonialismo y reparar sus consecuencias. Una de las metodologías para abordar este desafío es la denominada «Botánica Oscura» (Dark Botany), un término que se consolidó en la obra colectiva Dark Botany: The Herbarium Tales, editada por Prudence Gibson y Sigi Jöttkandt 3. Esta estrategia se plantea como un enfoque contrahegemónico centrado en reconocer las historias dark y no dominantes y reparar los daños históricos mediante relatos que se apartan de los marcos botánicos tradicionales.

La Botánica Oscura confronta también la idea preconcebida de que las plantas son entes inertes o pasivos y nos invita a reconocer su agencia. Gibson propone un proceso circular y sanador que incluye visibilizar las verdaderas historias indígenas censuradas, concienciar sobre los privilegios de origen, garantizar un acceso equitativo a los datos institucionales y consultar activamente a los sabios y sabias indígenas 4.

Das y Lowe argumentan que los museos y centros de catalogación necesitan contextualizar sus colecciones, explicitando no solo el origen geográfico de los objetos y especímenes, sino también las razones políticas de su recolección y su papel en la legitimación del orden colonial 5. Asimismo, Banu Subramaniam insiste en la necesidad de situar a las plantas, y no únicamente a la ciencia botánica, en el centro del análisis. Decolonizar la botánica implica así desmantelar estructuras lingüísticas y metodológicas y revisar términos cargados de sesgos coloniales, nacionalistas, racistas y especistas, como «naturaleza pura» o «especies invasoras» 1.

Frente a ello, se propone una educación científica y ecológica que se nutra de saberes indígenas, feministas, postcoloniales y queer. Estas epistemologías nos recuerdan que la separación entre naturaleza y cultura es una ficción colonial y que las plantas son compañeras con quienes compartimos evolución, afectos e historias de resistencia.

Semillas como memoria vegetal y cultural
Buena Mulata Pepper and Horace Pippin. Ilustración de Jasmine Hamilton

Un ejemplo de memoria y resistencia multiespecie es el caso de la variedad de pimiento Pippin’s Golden Honey Pepper. A comienzos del siglo XX, la urbanización acelerada en Estados Unidos amenazó el cultivo de alimentos básicos de la agricultura negra. Fue gracias a la recolección, conservación y donación de semillas por parte del artista negro Horace Pippin que estas variedades sobrevivieron 6.

El nombre de este pimiento no es un mero descriptor botánico, sino un archivo vivo que rinde homenaje a un guardián de la memoria culinaria y botánica afroamericana. Averiguar estas historias y contarlas constituye un primer paso hacia la reparación histórica 6.

En contraste con estas memorias subalternas, existen numerosos nombres científicos todavía vigentes que resultan ofensivos, poco éticos o perpetúan legados coloniales, racismo estructural y opresión indígena 7. Los nombres nunca son neutrales: pueden causar daño o ayudar a sanar. Por esta razón, Chala et al. sostienen que en la era digital, donde se asignan identificadores numéricos únicos a cada taxón, es posible registrar y gestionar cambios terminológicos por motivos éticos. Negarse a cambiar los nombres no constituye neutralidad científica 7. Por ejemplo, existen propuestas para implementar la trinomia, integrando formalmente el nombre indígena original en las bases de datos latinas y comunes 4.

Finalmente, la decolonización debe derivar en políticas territoriales orientadas hacia la justicia botánica, como la rematriación o repatriación de semillas, especímenes de herbario y saberes tradicionales, el resguardo de la soberanía de datos indígenas mediante los Principios CARE o la participación comunitaria directa en la gestión del territorio 8.

Avanzar hacia una justicia ecológica también implica reconocer a plantas, animales y otros seres como agentes vivos y adaptativos, despojándolos de su condición de objetos o seres pasivos. Esto requiere trascender el antropocentrismo y establecer una ética relacional del cuidado y la responsabilidad intergeneracional con todas las formas de vida 1.

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2. El giro vegetal, relaciones multiespecie y parentescos más-que-humanos

Este proceso de decolonización se cruza necesariamente con una revolución ontológica y epistemológica en las humanidades críticas y ambientales: el denominado vegetal turn o giro vegetal. Este enfoque, consolidado a través del campo interdisciplinar de los Estudios Críticos de las Plantas (Critical Plant Studies o CPS) desde la década de 2010, se sitúa en la intersección entre las humanidades, las ciencias vegetales, la filosofía, la estética y la ética 9. Por lo tanto, este campo no consiste simplemente en reflexionar sobre las plantas, sino en aprender a pensar con ellas o en medio de ellas 10.

Relaciones entre plantas, humanos y otros seres
Escultura/instalación de una lechuga lollo rosa viva y florecida de Mariela Richmond. Foto de Juan Tribaldos.

Los CPS y el giro vegetal se nutren de los avances en fisiología y neurobiología vegetal para redefinir nociones tradicionales de inteligencia, comportamiento, intencionalidad, sensibilidad y memoria desde una perspectiva no humana 9, 11. Se reconoce así la «plantitud» y la subjetividad de las plantas, consideradas como agentes activos dotados de sistemas complejos de comunicación química, capacidades técnico-operativas y redes relacionales 11.

Aunque estas discusiones surgieron inicialmente en el Norte Global, han comenzado a experimentar una polinización cruzada con otros territorios. León señala cómo la apropiación latinoamericana del giro vegetal se enriquece con las cosmologías amerindias, el pensamiento poscolonial y la ecología regional, para ir más allá de la mera teorización académica 10.

Las lógicas antropogénicas del Antropoceno ya no ofrecen una salida suficiente a la situación en la que nos encontramos y, por ello, resulta imperativo crear otras realidades que nos reconecten con las plantas más allá de la modernidad extractivista 10. Como destaca Lawrence, la incorporación de las temporalidades vegetales y sus ritmos estacionales interrumpe el tiempo lineal del capital, abriendo grietas para cuestionar la aceleración y revalorizar los vínculos comunitarios 9.

No obstante, este giro epistemológico no debería conducir a sustituir un centro antropocéntrico por uno exclusivamente vegetal. Hay que vigilar, como señala Morilla Chinchilla, los riesgos del «fitocentrismo» para no seguir creando nuevas discriminaciones 12. Las plantas forman parte de redes ecológicas y culturales mucho más amplias, en las que intervienen animales, hongos, microorganismos, minerales, agua, suelos y comunidades humanas. Por ello, el giro vegetal conduce necesariamente hacia una reflexión más amplia sobre las relaciones multiespecie.

Durante la década de 2010 se desarrolló en la antropología anglosajona la Etnografía Multiespecie (EM). Kirksey y Helmreich identificaron la aparición de una nueva perspectiva etnográfica interesada en incluir a animales, plantas, hongos y microorganismos como participantes activos en la producción de mundos 13. Bajo esta perspectiva, las especies dejan de ser vistas como unidades biológicas aisladas para ser entendidas como multiplicidades en constante asociación y coevolución, afectándose y colaborando entre sí 14.

Una planta no existe de manera aislada: sus historias están hechas de relaciones con otras plantas, animales, hongos, microorganismos, suelos, aguas y personas.

Si el giro vegetal propone reconocer la agencia y subjetividad de las plantas, la perspectiva multiespecie permite comprender que esa agencia no ocurre de manera independiente. Una planta se relaciona con otras plantas, con polinizadores, herbívoros, hongos, bacterias, agua, tierra y también con personas. Sus historias están marcadas por procesos de cooperación y conflicto, domesticación y dispersión, cuidado y explotación. En Cuando las plantas hacen lo que les da la gana (2024), Dusan Kazic investiga las relaciones de las personas agricultoras con las plantas y habla de la «codomesticación»: las personas campesinas domestican a las plantas, pero también son domesticadas por ellas 15.

María Puig de la Bellacasa también nos recuerda que el suelo no es únicamente un soporte físico sobre el que crecen las plantas, sino una comunidad activa formada por seres y procesos en constante transformación 16. Los organismos no están simplemente en el suelo: ayudan a formarlo y son parte de él.

La perspectiva multiespecie transforma también las herramientas con las que investigamos estas relaciones. A las metodologías etnográficas tradicionales se añaden estrategias como la «atención plena intraespecies», una aproximación que invita a observar a otros seres mediante una implicación que involucra múltiples sentidos: vista, sonido, tacto, gusto y afectos 17. A estos sentidos podríamos añadir otros como la termocepción o la cronopercepción para buscar la «percepción plurisensorial» de la que habla Marta Tafalla en Ecoanimal (2019) 18. Así, el dibujo, la fotografía, el vídeo, las grabaciones sonoras, las caminatas y otras prácticas artísticas pueden convertirse en herramientas de investigación y también en formas de relacionarnos con otras especies 17. Esta ampliación metodológica resulta especialmente importante desde una perspectiva feminista, ya que cuestiona la supuesta neutralidad científica que tradicionalmente ha privilegiado la distancia, la objetividad y la separación entre sujeto y objeto de estudio. Los estudios feministas de la ciencia han mostrado que todo conocimiento es situado y que nuestras formas de percibir también están atravesadas por la cultura, el género, la clase y otros condicionantes sociales 3, 14.

Como advierten Vargas García y Varela Trejo, la Etnografía Multiespecie también requiere ser analizada de manera crítica. El término «multiespecie» es relativamente reciente y tiene su origen en la academia anglosajona, pero las relaciones que este término abarca no son nuevas: ya eran concebidas, vividas y practicadas por numerosos pueblos del Sur Global 19. Conceptos como ubuntu para los pueblos del África bantú, la Pacha mama/mapu para los pueblos andinos o yawe para el pueblo patawato hacen referencia a la reciprocidad e interdependencia entre una multiplicidad de seres, ríos, plantas, animales, minerales o ancestros 19.

Esta dimensión resulta fundamental para una perspectiva decolonial que deje de situar al individuo blanco en el centro de la creación de conocimiento. Como señala Mikaelah Drullard, la decolonización implica abolir este sujeto y comprender la relación ontológica con las vidas plurales y sus subjetividades 20. Frente a ello, es necesario desarrollar, desde territorios situados, parentescos que impliquen maneras de devenir-con los mundos más-que-humanos 23.

Brus Rubio
Ilustración de Brus Rubio.

Ante las narrativas que Vargas García y Varela Trejo 19 denominan «monofuturismo hegemónico» y que presentan el colapso ecológico como una cuestión exclusivamente humana, las perspectivas multiespecie permiten comprender que la crisis afecta a redes de vida interdependientes y pueden ayudarnos a imaginar otros presentes y futuros posibles. Para ello necesitamos especular y contar otros relatos que nos permitan, como propone Ailton Krenak, «postergar el fin del mundo» 22. La pregunta queda abierta: ¿de qué manera podemos recuperar las relaciones e imaginar futuros multiespecie esperanzadores y libres de opresión?

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3. El arte como práctica decolonial

Frente a los efectos históricos de desplazamiento, extracción y violencia producidos por el proyecto colonial europeo, la decolonialidad propone procesos de arraigo y de creación de mundos alternativos o worlding 23. Las prácticas artísticas ofrecen un espacio para materializarlos, experimentarlos y hacerlos perceptibles.

El arte permite introducir otros lenguajes, temporalidades y memorias y transformar las formas mediante las cuales percibimos, representamos y nos relacionamos con el mundo. En el ámbito botánico, esto resulta especialmente relevante porque la historia de la representación vegetal ha estado estrechamente vinculada a procesos coloniales.

Por ello, en la actualidad es necesario transitar de un arte sobre plantas hacia formas de colaboración y creación con las plantas 4, donde los vegetales no sean simplemente materiales, símbolos o fuentes de inspiración, sino también participantes que condicionen el proceso creativo.

No se trata solamente de representar las plantas, sino de crear con ellas y reconocer su capacidad para transformar el proceso artístico.

Esta creación colaborativa con el mundo vegetal puede observarse en diferentes prácticas artísticas. Una de ellas es la obra Seeds of Change de Maria Thereza Alves, iniciada en 1999 y todavía en desarrollo.

Vista del jardín «Ballast Flora». Nueva York. 2018
Vista del jardín «Ballast Flora». Nueva York. 2018.

El proyecto parte de las semillas transportadas involuntariamente por barcos y que germinaron en diferentes puertos europeos. Alves convierte estas plantas en testimonios de las historias de comercio, migración, colonialismo y circulación global que han configurado los territorios y sus habitantes. Las semillas dejan así de aparecer como elementos botánicos aislados para convertirse en archivos vivos. Al mismo tiempo, Alves muestra cómo una práctica artística puede generar conocimiento sin reducir las plantas a meras observadoras de la historia humana.


Las semillas tienen historias propias que dependen de sus capacidades de germinación, formas de adaptación y de los recorridos que han seguido. Sus movimientos no son completamente controlables por quienes las transportaron. Esta investigación no solo cuestiona las narrativas coloniales, sino que también propone nuevas formas de entender la resistencia y la resiliencia de las plantas 24.

La práctica artística de Alves utiliza además formas no convencionales de representación y narración. Por ejemplo, esparce semillas en páginas en blanco o permite que el viento las mueva, convirtiendo a las semillas y a otras fuerzas de la naturaleza en coautoras del proceso artístico 24. Así, la obra permite repensar la historia como un proceso multiespecie, en el que se desdibujan las fronteras entre humanos y plantas para que ambos participen en la transformación de los territorios. Las historias de las semillas se entrelazan con las narrativas humanas y el arte se convierte en un medio para explorar nuevas formas de coexistencia.

Los procesos artísticos también tienen la capacidad de generar espacios de colaboración y transmisión de conocimientos. En Seeds of Change, los vecinos y las vecinas de la zona aportan información sobre los orígenes de las plantas y colaboran con científicos en la identificación de la flora 25. El arte tiene así ayuda así a recuperar narrativas y experiencias locales que la historia no ha tenido en cuenta y, como señalan Ohenhen et al., permite que el conocimiento no sea simplemente extraído, sino que pueda permanecer vinculado a las comunidades que lo han generado 26.

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Bibliografía

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  3. Gibson, P., Jottkandt, S., Sierra, M., & Westbrook, A. (Eds.). (2024). Dark Botany: The Herbarium Tales. Open Humanities Press. [enlace]
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