¿Qué se trabaja?
Esta actividad invita a descentrar la mirada humana para escuchar los ritmos de la naturaleza. A través del formato epistolar, los participantes exploran la empatía con otros seres vivos, el uso de la memoria sensorial (olores, sombras, texturas de la corteza) y el reconocimiento de las plantas como acompañantes afectivos en nuestras vidas.
Estructura del taller o sesión
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1. Sensibilización y preguntas detonadoras (15 min)
Se realiza una pausa de observación o evocación afectiva apoyada en preguntas detonadoras:
- ¿Qué árbol o espacio verde te ha acompañado en un momento importante de tu vida?
- Si ese jardín o ese árbol pudiera hablar, ¿qué olor, historia o secreto recordaría de ti?
- ¿Qué le agradecerías?
- ¿Qué te gustaría preguntarle?
- ¿Si tu familia fuese un jardín, qué especies estarían en él?
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2. Primera fase: Carta del humano al paisaje (20 min)
Cada participante redacta una carta dirigida a un árbol, planta o jardín, haciendo preguntas, detallando sensaciones, recuerdos compartidos y reflexiones.
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3. Segunda fase: La respuesta del paisaje (15 min)
Se invierten los roles: el participante adopta la perspectiva del vegetal para responder a su propia carta. ¿Qué respondería la planta? ¿Cómo es su experiencia? ¿Cómo se siente?
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4. Puesta en común (10-20 min)
Lectura en voz alta de los diálogos epistolares para conformar un «archivo vivo» o mapa de afectos vegetales en el grupo.
Adaptaciones según el contexto
Para el aula escolar
Se puede realizar como salida al patio o parque cercano, permitiendo que cada estudiante escoja un árbol o flora espontánea concreta para redactar su carta in situ mediante la observación directa.
Para talleres de adultos
Se orienta hacia la memoria botánica de la infancia, la nostalgia de paisajes urbanos transformados y la escritura poética ambiental, acompañada de lecturas de ensayo vegetal.